PIÑATA
Por V 4 Vendetta
Odio y temo a los medicos porque me conozco a mi mismo. Lo voy a explicar: cuando llevo un guevo de horas currando me agobio, me abandono, me vuelvo un dejado, un incompetente. Por que razon tendria yo que suponer que el medico que me atiende es distinto? Eso en el mejor de los casos, ojo. Con un poco de mala suerte el tipo odia su curro y todo se la suda. Igual sencillamente tiene un mal dia, que un mal dia lo tiene cualquiera. Que sea un psicopata ya ni lo suelto porque el tema lo tenemos manido a fuerza de cine malo, pero hey, cosas mas raras se han visto.
El caso es que el otro dia fui al dentista. El dentista es un medico, lo cual significa que si tiene un dia malo porque anoche no ceno, que si tiene mucha jambre y quiere acabar rapido conmigo porque se muere de ganas de ir a zamparse el bocata, me hara una chapuza acojonante y se frotara las manos repitiendo una y otra vez en voz alta: "Listos", pero las atrocidades que me haya practicado en la boca me las voy a chupar yo para siempre y hasta el mismo fin de mis dias, que ya tarda, porque otros dientes no me van a crecer, eso fijo. Y es que los piños estan diseñados para durar como una treintena de años, cuarenta a lo sumo, que viene ser lo que vivia la gente cuando no disponia de maquinas para la dialisis, quimioterapia, protesis, transplantes de pedazos de animales, telefonos moviles, television por cable y todos esos artefactos modernos que, tengo entendido, prolongan la condena, digo la vida, porque todo lo moderno es bueno, cuanto mas modermo mas mejor, y viva la madre que nos pario.
Ahora vivimos mas y podemos hacer el imbecil el doble de tiempo por el mismo precio y pagar impuestos durante dos vidas, pero los piños, se conoce, no se quieren dar por enterados, se hacen los suecos, los muy puñeteros. Y es por eso que, alrededor de la treintena, las piñatas del respetable se empiezan a pudrir, y a supurar, y a hacerte en la boca todo tipo de marranadas que no cabria esperar de unos tronchos de materia tan solidos y a primera vista tan formales. Yo lo se porque entre mis amistades, desde un tiempo a esta parte, las dentaduras estan cayendo a pedazos, y ya puestas, se estan llevando de la mano al infierno a las encias, que son arrasadas por tremebundas gengivitis y brutales piorreas que las inflaman grotescamente y estallan en globos de pus como chicles rellenos de bechamel. Acojonado por saber de tantos horrores en bocas ajenas y de las cifras millonarias que cuesta solucionar tanto desaguisado, me dije el otro dia, yo a mi mismo y en confidencia: "Mira, machote, a ver si te haces echar un vistazo al hoyo superior frontal, que igual esta semipodrido y tu ni te has enterado, en tu linea. A lo mejor si no espabilas ahora mas adelante la situacion se pondra dramatica, en la boca tambien, quiero decir".
En eso, hay que reconocerlo, he tendido suerte, porque hace quince años que no me ha dolido un diente. En consecuencia, hace quince años que no he pisado un dentista. No es absolutamente logico? Pues no. Error. Asi me lo hizo saber el señor dentista cuando acudi a la visita. Me dijo que queria mi dinero, y que, para ser sinceros, en realidad le debia atrasos. Su manera de plantearlo ha sido mas sutil, claro, pero el mensaje subliminal era claro: mi obligacion hubiera sido pasarme por alli cada año y entregarle dinero a aquel proxeneta monstruoso para que me garantizara que todo estaba bien, que mi bocaza era una fiesta de luz y de color, una pelicula de disney. Pero no lo habia hecho. Eso no estaba bien: habia pecado, habia sido un chico malo y ahora iba a pagar las consecuencias. Faltar a las revisiones medicas, se ve, es como defraudar al fisco: de momento igual cuela y te libras, pero si te pillan te llevas un multazo que te deja los huevecillos adheridos a la pelvis durante un minimo de tres meses. Y efectivamente, pues no va el muy sanguijuela y me decreta cinco caries cinco, hermosotas ellas.
Resignado a la extorsion economica que se me avecinaba, respondi que si, que vale, que entrara a saco y que acabara con las cinco, que San Molar me ha iluminado con su gracia divina, que me arrepiento de mi mal comportamiento y que renuncio a todo mi dinero en su favor a condicion de que me perdone la vida.
El perla, al que iniciativa le sobraba, me hablo de los horrores especificamente de una de mis caries. Cuando quise darme cuenta, el carnicero de el ya me estaba hablando de asesinatos de nervios, despieces, extracciones, y linezas en la linea, pero ahi estuve rapido: "Oiga, eh, que a mi no me duele nada". "No te molesta siquiera?". "No." "Ni cuando comes dulce?". "Puedo mascar chocolate durante horas sin pestañear". Pude percibir su tristeza. Parecia un niño al que le hubieran cancelado una fiesta de cumpleaños. Ademas se quedaba sin parte del dinero que estaba a punto de sacarme, tal vez jamas juntara el dinero para la operacion de su pobre abuelita, pobrecito de el. Fue un momento de infinita melancolia. A punto estuve de pedirle que, por favor, que no estuviera triste, que ya le cedia mi boca para que amputara y mutilara a voluntad, pero que alegrara esa cara, hombre, que todo se andaria.
En fin, hoy era el dia señalado y alli estaba yo, sentado en un asiento de cuero negro de Porsche Carrera que algun imbecil insensato habia colocado en el centro de una habitacion. Abro la boca, cierro los ojos, y en vez del glande que yo mismo me auguraba, el animalote comienza a introducirme toda suerte de artefactos de tortura hi-tech. Lo que sigue es demasiado horrible para ser contado. De esto hace unas trece horas. Hara unas diez la anestesia se ha desvanecido y desde entonces una de las muelas me duele horrores. Cuando he ido al medico no me dolia nada. Desde que he salido me duele todo. Hay algo raro en esta frase. Socorro.
[Soundtrack:]
Coil "Stolen & Contaminated Songs"
Por V 4 Vendetta
Odio y temo a los medicos porque me conozco a mi mismo. Lo voy a explicar: cuando llevo un guevo de horas currando me agobio, me abandono, me vuelvo un dejado, un incompetente. Por que razon tendria yo que suponer que el medico que me atiende es distinto? Eso en el mejor de los casos, ojo. Con un poco de mala suerte el tipo odia su curro y todo se la suda. Igual sencillamente tiene un mal dia, que un mal dia lo tiene cualquiera. Que sea un psicopata ya ni lo suelto porque el tema lo tenemos manido a fuerza de cine malo, pero hey, cosas mas raras se han visto.
El caso es que el otro dia fui al dentista. El dentista es un medico, lo cual significa que si tiene un dia malo porque anoche no ceno, que si tiene mucha jambre y quiere acabar rapido conmigo porque se muere de ganas de ir a zamparse el bocata, me hara una chapuza acojonante y se frotara las manos repitiendo una y otra vez en voz alta: "Listos", pero las atrocidades que me haya practicado en la boca me las voy a chupar yo para siempre y hasta el mismo fin de mis dias, que ya tarda, porque otros dientes no me van a crecer, eso fijo. Y es que los piños estan diseñados para durar como una treintena de años, cuarenta a lo sumo, que viene ser lo que vivia la gente cuando no disponia de maquinas para la dialisis, quimioterapia, protesis, transplantes de pedazos de animales, telefonos moviles, television por cable y todos esos artefactos modernos que, tengo entendido, prolongan la condena, digo la vida, porque todo lo moderno es bueno, cuanto mas modermo mas mejor, y viva la madre que nos pario.
Ahora vivimos mas y podemos hacer el imbecil el doble de tiempo por el mismo precio y pagar impuestos durante dos vidas, pero los piños, se conoce, no se quieren dar por enterados, se hacen los suecos, los muy puñeteros. Y es por eso que, alrededor de la treintena, las piñatas del respetable se empiezan a pudrir, y a supurar, y a hacerte en la boca todo tipo de marranadas que no cabria esperar de unos tronchos de materia tan solidos y a primera vista tan formales. Yo lo se porque entre mis amistades, desde un tiempo a esta parte, las dentaduras estan cayendo a pedazos, y ya puestas, se estan llevando de la mano al infierno a las encias, que son arrasadas por tremebundas gengivitis y brutales piorreas que las inflaman grotescamente y estallan en globos de pus como chicles rellenos de bechamel. Acojonado por saber de tantos horrores en bocas ajenas y de las cifras millonarias que cuesta solucionar tanto desaguisado, me dije el otro dia, yo a mi mismo y en confidencia: "Mira, machote, a ver si te haces echar un vistazo al hoyo superior frontal, que igual esta semipodrido y tu ni te has enterado, en tu linea. A lo mejor si no espabilas ahora mas adelante la situacion se pondra dramatica, en la boca tambien, quiero decir".
En eso, hay que reconocerlo, he tendido suerte, porque hace quince años que no me ha dolido un diente. En consecuencia, hace quince años que no he pisado un dentista. No es absolutamente logico? Pues no. Error. Asi me lo hizo saber el señor dentista cuando acudi a la visita. Me dijo que queria mi dinero, y que, para ser sinceros, en realidad le debia atrasos. Su manera de plantearlo ha sido mas sutil, claro, pero el mensaje subliminal era claro: mi obligacion hubiera sido pasarme por alli cada año y entregarle dinero a aquel proxeneta monstruoso para que me garantizara que todo estaba bien, que mi bocaza era una fiesta de luz y de color, una pelicula de disney. Pero no lo habia hecho. Eso no estaba bien: habia pecado, habia sido un chico malo y ahora iba a pagar las consecuencias. Faltar a las revisiones medicas, se ve, es como defraudar al fisco: de momento igual cuela y te libras, pero si te pillan te llevas un multazo que te deja los huevecillos adheridos a la pelvis durante un minimo de tres meses. Y efectivamente, pues no va el muy sanguijuela y me decreta cinco caries cinco, hermosotas ellas.
Resignado a la extorsion economica que se me avecinaba, respondi que si, que vale, que entrara a saco y que acabara con las cinco, que San Molar me ha iluminado con su gracia divina, que me arrepiento de mi mal comportamiento y que renuncio a todo mi dinero en su favor a condicion de que me perdone la vida.
El perla, al que iniciativa le sobraba, me hablo de los horrores especificamente de una de mis caries. Cuando quise darme cuenta, el carnicero de el ya me estaba hablando de asesinatos de nervios, despieces, extracciones, y linezas en la linea, pero ahi estuve rapido: "Oiga, eh, que a mi no me duele nada". "No te molesta siquiera?". "No." "Ni cuando comes dulce?". "Puedo mascar chocolate durante horas sin pestañear". Pude percibir su tristeza. Parecia un niño al que le hubieran cancelado una fiesta de cumpleaños. Ademas se quedaba sin parte del dinero que estaba a punto de sacarme, tal vez jamas juntara el dinero para la operacion de su pobre abuelita, pobrecito de el. Fue un momento de infinita melancolia. A punto estuve de pedirle que, por favor, que no estuviera triste, que ya le cedia mi boca para que amputara y mutilara a voluntad, pero que alegrara esa cara, hombre, que todo se andaria.
En fin, hoy era el dia señalado y alli estaba yo, sentado en un asiento de cuero negro de Porsche Carrera que algun imbecil insensato habia colocado en el centro de una habitacion. Abro la boca, cierro los ojos, y en vez del glande que yo mismo me auguraba, el animalote comienza a introducirme toda suerte de artefactos de tortura hi-tech. Lo que sigue es demasiado horrible para ser contado. De esto hace unas trece horas. Hara unas diez la anestesia se ha desvanecido y desde entonces una de las muelas me duele horrores. Cuando he ido al medico no me dolia nada. Desde que he salido me duele todo. Hay algo raro en esta frase. Socorro.
[Soundtrack:]
Coil "Stolen & Contaminated Songs"

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